• Producción: Luz Estrello
  • Guión y edición: Maytik Avirama, Frida Chiu, Daniela Fontaine y Luz Estrello
  • Diseño sonoro: Carlos Castañeda y Maytik Avirama
  • Producción musical: Carlos
  • Portada: Daniela Fontaine
  • Asesoría gráfica: Sebastián Giraldo
  • Investigación y Substack: Frida Chiu
  • Comunicaciones y redes sociales: Mariana Beltrán

En este noveno episodio de la tercera temporada de Radio Savia, viajamos al archipiélago de Chiloé, al sur de Chile, para escuchar las relaciones visibles e invisibles que sostienen la vida entre la tierra y el mar.

Guiadas por las voces de las compañeras de la Asamblea de Mujeres Insulares por las Aguas (AMIPA), Paloma, Lonko Clementina, Deysi y Sindy, recorremos un territorio atravesado por ríos, turberas, bosques, mares y comunidades que forman parte de un mismo ciclo. Sus voces nos acercan también a las heridas que dejan la industria salmonera, la explotación de las turberas, la deforestación y otros procesos extractivos que alteran los ritmos de regeneración del territorio y de quienes lo habitan.

Frente a estas heridas, las compañeras de AMIPA nos comparten otras formas de relacionarnos con el agua: mapear colectivamente los conflictos, recuperar saberes ancestrales, defender los ecosistemas que almacenan el agua dulce y construir redes de cuidado que permitan sostener la organización sin reproducir las mismas lógicas de agotamiento a las que se enfrentan.

Este episodio nos invita a prestar atención a las relaciones que hacen posible la vida, desde el espesor de un pequeño musgo hasta los ciclos que conectan la montaña con el mar. A preguntarnos qué ocurre cuando esos vínculos se rompen y qué podemos aprender de quienes trabajan para reconstruirlos.

Una invitación a escuchar el bordemar y recordar que, aunque estemos lejos, el agua sigue corriendo y encontrándonos.


Transcripción

Longko Clementina: El agua tiene un ciclo de vida que comienza en la montaña, que da toda su vuelta para llegar a un territorio. Pero también va a la montaña de abajo, va a la montaña del mar. Y esa agua se devuelve otra vez en este ciclo hermoso de la vida del agua. Pero no lo entienden. Nuestro mar ya está contaminado, ¿ya? Y lo que me queda de sentimiento es buscar, como dice la ñaña, esa energía, ese küminewen, para poner en alerta al mundo de lo que se puede venir al territorio con el tema del agua dulce. 

Cortina

Maytik: Hay mundos enteros que caben en el espesor de un musgo. Vidas que transcurren dentro de una gota de agua. Capas de memoria que recorren los caminos migratorios de los peces. Hay otras escalas: la de los barcos que cruzan océanos, la de los mercados que prometen disponibilidad permanente, la de las industrias que usan desmedidamente la energía. Aunque parezcan distantes, todas estas dimensiones palpitan unas dentro de otras. 

Daniela: En este episodio coral nos disponemos a escuchar el archipiélago de Chiloé, al sur del continente. Guiadas por las voces de las compañeras de la Asamblea de Mujeres Insulares por las Aguas (AMIPA), nos sumergimos en el borde mar para acercarnos a las relaciones que sostienen este territorio: desde la vida microscópica hasta las comunidades y los cuerpos que habitan el ecosistema, quienes nos invitan a aprender a escuchar las relaciones visibles e invisibles que lo mantienen vivo. Les dejamos con Paloma, Lonko Clementina, Deysi y Sindy. 

Paloma: Yo me llamo Paloma Gajardo Bustamante. Soy chilota, soy de acá de Chiloé. 

Longko Clementina: Inche ta Clementina Lepio Meripichun Piñen. Inche lonko de la comunidad Huilliche, Fundo Alto de Gamboa, en el territorio de Castro, Chiloé, en el sur de Chile.

Deisy: Inche Daisy Cona pingen, inche Mapuche Huenche ngen. 

Sindy: Mi nombre es Cindy. Vivo en Huillinco en la localidad de la comuna de Chonchi, en el Archipiélago de Chiloé.

Deisy: Nosotros somos un territorio llamado Wallmapu, así históricamente. Desde el río Choapa hasta, eh, lo que es hoy en día Chiloé. 

Paloma: Se vive mucho en el bordemar, que se le dice, que es como este tránsito entre la orilla, la playa, el monte, hay una relación ahí que es cotidiana igual, po. De hecho muchas herramientas que acá en Chiloé se usan para trabajar la tierra en la agricultura familiar campesina, por ejemplo, hay una herramienta que es el gualato que también se usa para mariscar, no como también se siembran algas. O sea, como la relación entre, la tierra y el mar es parte también de ese cotidiano. El habitar un territorio insular, que es distinto a un territorio continental.  

Longko Clementina: A pesar que esta isla es grande, siempre hablamos de la Butagua Pichirahue, pero dentro de esta isla hay otras 40 islas más.

Paloma:  Es un archipiélago. Son muchas islas. Podemos encontrar el mar abierto, el pacífico, sí, como los extremos de la isla, pero también está todo lo que es como el mar interior. Que es este mar más calmo, más tranquilo donde están los canales por donde la gente se mueve el lanchas no o transbordadores también que permiten el traslado de las familias de un lugar a otro. Entonces es un territorio con mucho movimiento, creo, un movimiento también acuoso y terrestre. 

Deisy: Si bien, eh, todos los, los ciclos, ¿cierto? Del agua terminan en el mar, ¿no? Chiloé tiene, tiene unas venas que serían los ríos, que recorren todo el territorio.

Daniela: Durante cincuenta años, Chile ha sido tratado como el laboratorio de un sistema económico que prioriza la extracción desmedida de materias primas por encima de las personas y los territorios. Esto ha sido tan invasivo, que partes del país han sido catalogadas como “zonas sacrificadas”, donde se justifica la devastación absoluta para alentar la carrera hacia la acumulación. ¿Qué sucede en la tierra, en el mar y en los cuerpos cuando los ciclos vitales se trastocan así? ¿Qué implica sostener un modelo que va en contra de la vida? 

Paloma: Yo creo que hay varias heridas a nivel de territorio del archipiélago, que tienen que ver también con una historia larga del territorio. Una historia también de colonización, de extractivismo, de evangelización, como de una instalación muy fuerte también del patriarcado. Y desde ahí, claro, hay muchas historias vinculadas al maltrato, al abuso, en distintos niveles.

Deisy: Duele la colonialidad, ¿no? Del saber que se ha impuesto. Esos saberes que acá en Chile al menos es monocultural, ¿no? Y nos dicen que hay una sola nación, ¿no? Hay un solo pueblo. Pero que en la realidad vemos que hay varios pueblos, ¿no? Y que hay distintas identidades. Entonces, duele cuando esas identidades van desapareciendo en nuestras niñeces. 

Sindy: Y por ahí va desde la deforestación de los bosques nativos, la parcelación y venta de de parcelas también hay un un conflicto muy grande con el tema de la basura siendo un territorio insular teniendo cinco vertederos. Y además, donde más del 75% de la basura que se genera en el archipiélago es de la industria salmonera. Contamina las aguas contamina el suelo, contamina las napas y las aguas que consumen las comunidades.

Maytik: Oriundo de las frías aguas del norte, el salmón es un pez azul que nace en un río, migra al mar y vuelve al mismo río para reproducirse. Los pueblos originarios de aquellas tierras, han valorado su condición de tejedor de aguas y la belleza de sus escamas, venerándolo por nutrir el cuerpo y el espíritu. Como todos los seres, el salmón ama la libertad y el movimiento. Pero en Chiloé, en aquellas aguas del sur, es un migrante forzado, hacinado y medicado, por las presiones de un mercado que ignora y violenta sus ciclos.

Paloma: En los años ochenta hay un “boom” del salmón. De hecho, Chile es como el segundo país más importante en la exportación del salmón y gran parte de la producción se genera acá en Chiloé. En sus inicios fue en Chiloé. Chiloé fue el laboratorio de esa industria. Y de a poco se ha ido expandiendo hacia el resto del sur, que también han estado, tienen… hay varias experiencias de resistencia igual en relación a la industria del salmón. Entonces, un territorio bien herido. Son fondos de inversión transnacionales, japoneses, noruegos… son de otros lugares. Sí, como pasa con esta lógica extractivista del enclave. Lo que se hace es que se usa el mar, como el lugar donde se cultivan salmones, pero no sólo el mar, sino también los ríos. Porque hay un período en que el salmón es pequeño, no, y lo tienen primero en piscicultura, que para eso utilizan agua dulce generalmente, que son ríos lagos. Después cuando son más grandes, los trasladan al mar. Y el problema del mar es que, las jaulas… pucha, no sé en este momento la cantidad de salmones que contienen, pero es impresionante. Entonces, como están muy apretados se genera una contaminación del suelo del mar. Y eso obviamente ha generado varias situaciones problemáticas. La proliferación de ciertas algas, por ejemplo. Ya hay períodos aquí en Chiloé tenemos algo que se llama la marea roja, que es una alga tóxica, que hay personas que hasta se han muerto. Y hay investigación que relaciona el aumento de esa proliferación de algas, producto de la contaminación del mar de la industria salmonera.

Daniela: El mar en Chiloé está siendo tan saturado por la industria que no puede respirar. La anoxia, es la ausencia total de oxígeno en el agua, o en concentraciones tan bajas que no puede ser medido con la tecnología actual. Algunas de las causas de esta asfixia marina son exceso de nutrientes provenientes de la agricultura intensiva, el alimento no consumido de las salmoneras y el calentamiento global al crear capas de agua que no se mezclan,  impidiendo al oxígeno llegar al fondo del mar. B

Maytik: Nos enseñaron que el cansancio es un problema individual, que basta con dormir un poco más, comer mejor o aprender a gestionar el estrés para recuperarnos. Pero el agotamiento también habla de sistemas que exigen más de lo que un cuerpo puede regenerar. Es un desequilibrio entre la energía que entra, la capacidad de transformarla y la energía que sale. Los territorios también tienen un metabolismo. Reciben, transforman y regeneran energía. Y, como los cuerpos, pueden agotarse cuando la demanda externa rompe sus propios ritmos de recuperación.

Paloma: Se hacen turnos rotativos. La gente trabaja de noche porque la idea es producir más, más, más. Entonces hay turnos de día y de noche. Entonces tú te encuentras con gente que tiene problemas de sueño. A propósito de esta división del trabajo, como para cosas manuales que terminan con tendinitis, con distintos tipos de problemas también físicos. Significa también buzos que mueren también o que tienen problemas, porque se se hacen como subcontrataciones también de muchos servicios. La instalación de la industria del salmón produjo una migración muy importante de familias de sectores rurales a sectores urbanos. 

Sindy: Por otro lado, está el único complejo eólico industrial en el Mawida Piwchen, que lamentablemente está en fase de extensión que ya lleva, unas 31 torres instaladas eólicas. Y que claro, eso significa destruir las turberas de altura que finalmente son las que almacenan el agua en la montaña y que son las principales fuentes de agua dulce de la isla grande.

Paloma: No sé si ustedes conocen las turberas. Son un ecosistema muy importante porque es el lugar en donde se retiene el agua.

Sindy: El archipiélago de Chiloé no tiene glaciares. Bueno, nosotras decimos que tiene glaciares floridos, que no es como el típico glaciar de montaña que se ve blanco, medio azuloso, con nieve, sino que tiene ecosistemas que permiten el almacenamiento del agua. Una de esas es la turbera. Y dentro de las turberas hay un musgo, que es muy importante porque también está muy amenazado, que es el musgo pompón o Sphagnum magellanicum.

Longko Clementina: Los pomponales son estas esponjitas de agua que son como camitas de agua. Son camitas de agua que absorben toda el agua del invierno y que se distribuyen en el verano en los diferentes ríos que hay en la Isla Grande. 

Sindy: Retiene agua, hasta 20 veces su peso seco en agua, y lamentablemente es también un es un elemento que crece muy, muy lentamente. Entonces, muy difícil que al destruirlo se pueda recuperar. Y lamentablemente están haciendo explotación de ese musgo porque lo venden para fabricación de cremas, eh, pañales, productos de belleza, cosas por el estilo.

Longko Clementina: Explicar que tomamos esta turba, hoy día la sacamos, estamos dejando abierto esa herida en la montaña y nuestra agua ya no se recoge, sino que escurre y se va al mar, ni siquiera la podemos aprovechar nosotras. Entonces, por eso es tan importante nuestra cordillera.

Maytik: Así como el sistema de recolección de agua está compuesto por millones de pequeños musgos, quizás la apuesta es volver a procurar escalas pequeñas que nos sostengan sin llevarnos al colapso. Para muchos lugares, la búsqueda de modelos locales, en los que se practica la soberanía y la autogestión comunitaria del agua y la energía, son  formas de justicia ambiental.

Paloma: No sé si les pasa a ustedes en su territorio, quizás porque este es un territorio más pequeño también nos pasa, que somos como las mismas, como en que muchas tenemos dobles, triples militancias, como que nos encontramos en distintos espacios. Y ahí la que cumplió el rol como de aglutinar a todas estas mujeres que estábamos ahí en distintas cosas fue Sindy y nos convoca como a este espacio, a todas estas mujeres que ya nos conocíamos, a generar un espacio de mujeres en torno a las aguas.

Sindy: Partimos trece en un contexto de un proyecto que tenía que ver con, eh, miradas feministas sobre la gestión comunitaria de las aguas. Y eso lo usamos como un motor para poder agruparnos como asamblea.

Paloma: Pero ese proceso como que terminó ya hace harto rato, y la asamblea se sostiene de manera ya autónoma. Yo en general había participado de organizaciones más bien mixtas, nunca de agrupaciones solo de mujeres. Y ha sido interesante también. Como que algunas veníamos como medias dañadas de algunas experiencias, fue como también un espacio como de contención, de encontrarnos, como éramos compañeras que habíamos activado en otros espacios también, fue muy como cotidiano volver a encontrarnos desde otros lugares. En las primeras reuniones online, empezamos a hablar un poco de la crisis hídrica que es un tema igual complejo acá en Chiloé porque no sé si ustedes saben, pero vivimos en el sur de Chile, donde llueve mucho, entonces, como que está en el imaginario que hay mucha agua, ¿no?. Pero dentro del archipiélago tenemos sectores que no tienen agua. Entonces, empezamos a mapear entre nosotras, como la mayoría está involucrada en distintas cosas… como son muy movidas las AMIPAS en su junta de vecinos, en hartas cosas. No sé, creo que en una conversación identificamos como treinta conflictos. Dijimos, wow, esto hay que amplificarlo, hay que investigarlo más, ¿no? Y desde esa fecha, claro, hasta ahora hemos estado en ese trabajo.

Daniela: Mapear implica representar gráficamente una porción de territorio. Cuando se hace de forma colectiva, se abre la posibilidad de narrar el territorio en términos propios, conversando las medidas, límites, escalas y relaciones que hacen sentido a la comunidad. Así, crear herramientas propias para dialogar con el territorio permite compartir las problemáticas y también hacer visibles las soluciones que ya se están poniendo en práctica. Las compañeras de la AMIPA hicieron una cartilla gráfica para compartir los hallazgos del mapeo de conflictos asociados al agua en el archipiélago y también para resonar  las respuestas que van sanando las heridas que atraviesan ese cuerpo-territorio. 

Paloma: Y ahí identificamos varias respuestas como a la crisis hídrica, respuestas más familiares, no, como familias que hacen humedales dentro de sus terrenos, que el humedal no es para abastecerse de agua para consumo, sino también tiene un sentido más ecosistémico. Contribuir a ese territorio en el que están, a un relacionamiento también distinto con el agua. No solo como un bien, sino también, eh, una relación de cuidado igual, ¿no? Como de cuidado del ecosistema también, ¿no? También ahí hemos tratado de incidir en algunas cosas que van ocurriendo en lo cotidiano, que a veces igual no alcanzamos siempre a responder, ¿cierto? Todo lo que sucede, porque a veces todo pasa más rápido de lo que nosotras funcionamos.

Sindy: A propósito de la maquinaria que avanza muy rápido. Tratamos de siempre poner en el centro justamente el respeto por nosotras, por nuestros ritmos, por no sentirnos presionadas, por sacarnos la capa de súper heroína; porque no lo vamos a cambiar todo por hacerlo todo rápido o todo al tiro ya, siendo muy amorosas entre nosotras.

Paloma: Lo que más nos ha fortalecido es estar juntas, el apañamos entre nosotras, no solo en el activismo, en el trabajo que hacemos hacia afuera, ¿no?, sino también apañarnos también en lo que nos pasa con eso. Como, cómo nos hace sentir también poner la cuerpa, ¿no? Cómo nos hace sentir que esas mismas experiencias también atraviesan nuestro cotidiano, nuestras relaciones con otros. Siento que sólo hacer, hacer, hacer, hacer. Y resistir resistir, resistir puede ser muy duro si no existe como ese espacio también de apañe, de cuidado, eh, entre compañeras.

Sindy: Hemos aprendido a como conectar un poco los cuidados, la organización, lo político, con la espiritualidad. Para nosotras, la montaña que es el Mawida Piwchen de alguna forma es como nuestra… nuestra fuente de energía espiritual más fuerte, a la cual estamos de alguna forma sintonizadas. Y también, por lo mismo es que la visibilizamos y la defendemos. El Mawida Piwchen, es un ser que habita casi todo el archipiélago, incluso más allá de lo que vemos. Entonces es muy importante para lo que hacemos, el porqué lo hacemos, como que le da un poco más el sentido también, que va más allá del agua que bebemos o de los bosques que están ahí, y que son bonitos, sino que hay algo mucho más especial que habita ahí y nos habita a nosotros. 

Longko Clementina: Cuando nacemos, eh, una de las cosas importantes en la cosmovisión nuestra, es que nuestra placenta se va a la tierra, plantado con un árbol de nuestros ancestros, de nuestros abuelos que fueron y buscaron y plantaron ese árbol y se devolvió a la tierra. Ahí se hace la primera conexión de esta placenta, que es un árbol también, un árbol de la vida, que ahí tiene toda la memoria de nuestros antiguos. Entonces, hay una conexión profunda, primero que todo, como, como hijos que nacemos y nos conectamos a la Tierra. Y segundo, es allí donde se convierte este ciclo hermoso de reconocimiento de los Ngenes, de los espíritus que, que de la tierra nos reciben con amor y nos hacen crecer con amor y nos transforman también a otro espacio cuando, cuando tenemos que movernos. No es solamente el feyentún el que hace que los espíritus te reconozcan, sino que también es el respeto que tú le haces, le das, a los seres que habitan la tierra.

Deisy: Y, y eso también nos arraiga, nos hace defender un bosque, defender un río, defender una montaña. Cada uno cumple una función. Así como nosotras también estamos cumpliendo esa función de ser voz, dentro de este, de este mundo, no, donde está lo humano. Y, y bueno, y nos toca esa responsabilidad, y la asumimos también con mucho cuidado, eh, para respetar a todos los seres también que coexisten, con los cuales convivimos.

Maytik: Las compañeras de AMIPA nos comparten un mensaje final para otras comunidades en proceso de cuidado del agua. 

Sindy: Yo le diría que nos tenemos, aunque no nos conozcamos o aunque estemos muy lejos, muy lejos, siempre nos tenemos de alguna forma. Nos sentimos a través del territorio porque estamos en ella, la habitamos, cohabitamos con ella. Entonces nunca, nunca estamos solas. Aunque nos sintamos así, eh, hay muchas en distintos lugares haciendo lo mismo, pensando lo mismo, sintiendo lo mismo. Y sabemos que estamos viviendo, eh, contextos muy dolorosos. Pero también, eh, podemos dentro de eso mismo, estar juntas y reconstruir nuestro tejido, nuestras raíces, nuestras redes, nuestros habitares colectivos. Obviamente los dolores se sienten muy diferente, estando en colectividad.

Longko Clementina: Nuestra Madre Tierra no nos puso solo a nosotros los mapuche o los hijos que lo queremos, lo guardianamos: nos puso a todos ahí. Somos una variedad de seres que habitamos esta tierra, pero lo que nos hace diferentes, es cómo la conciencia de nosotros vamos creando en nuestra vida estos saberes ancestrales, esta conexión amorosa. Como hija de esta Madre Tierra hermosa que me mantiene, que me sostiene, eh, enviar también Futakume Newen, mucha buena energía. Futakume Kimün, buena sabiduría. Futakume Rakizuam, buenos pensamientos. Eh, Futakume Ayün, mucho amor. Amando al planeta, amando a la Tierra, nos amamos nosotros también.

Deisy: Yo creo que el mensaje que, que se pudieran dar, ¿no?, entre el agua dulce y el agua salada, eh: “sigue corriendo, hermana, sigue corriendo, hermana, y sigamos juntas”, ¿no? Eh, porque en algún momento seremos marea, olas, en otros momentos seremos agua correntosa. Entonces, yo creo que eso. Y algunas veces seremos esa agua que está quieta, ¿no? Porque también lo necesitamos.

Longko Clementina: El agua dulce y el agua salada es el corazón de la Tierra. Eh, entonces, seamos ese corazón hermoso, que nos unamos en el mundo para pedir la protección y los derechos de nuestra madre Tierra. Mi llamado es eso, a que volvamos a la inteligencia ancestral, ¿no? Ya dejemos la IA de un lado. Esta otra inteligencia artificial no tiene corazón. Nosotros sí. Somos esa red humana que camina, como este wifi que le digo yo a la ñaña siempre. Seamos eso, este, este micelio hermoso que habita en este mundo.

Maytik: Quizás prestar atención sea el primer gesto del asombro. Una forma de recordar que la vida se sostiene en vínculos casi imperceptibles y que, cuando uno de ellos se rompe, comienza una cadena de despojo. Quizás la pregunta no sea solamente qué consumimos, sino qué relaciones hacemos posibles con cada decisión, con cada gesto, con cada forma de habitar el mundo. ¿Y si imaginamos otros horizontes donde la abundancia vuelva a medirse por la salud de los territorios y la fuerza de sus relaciones? El bordemar tiene mucho que enseñarnos. Como la piel, sabe que los límites no existen para separar la vida, sino para hacer posible el encuentro y la colaboración. 

Daniela: Agradecemos a la Asamblea de Mujeres Insulares por las Aguas por su compromiso en la producción de este episodio, especialmente a Lonko Clementina, Paloma, Sindy, Deysi y Alejandra. Gracias a Cayolla Maldonado Alcaino, Daniela Gumucio Dobbs y Matias Bertrin Cuevas, por la grabación en campo. Gracias también a Sara por las recomendaciones. El guión fue editado por Maytik Avirama, Frida Chiu, Daniela Fontaine y Luz Estrello. El diseño sonoro es de Carlos Castañeda y Maytik Avirama. La producción musical es de Carlos Castañeda. La portada fue realizada por Daniela Fontaine, con asesoría gráfica de Sebastián Giraldo. En esta temporada contamos con la asesoría vocal de Gabriela Guraieb. Luz Estrello es la productora en campo, Frida Chiu en el substack y la investigación. Mariana Beltran en comunicaciones y redes sociales. Gracias a todix por escuchar y hasta muy pronto.


Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *