• Diseño sonoro
    Carlos Castañeda
    Maytik Avirama
  • Producción sonora y composición
    Carlos Castañeda
  • Ilustración
    Daniela Fontaine
  • Transcripción
    Gabriela Amor del proyecto Alma de Tierra

Este es el  segundo episodio de la temporada 2: Resonanacias de sanación y resistencia.

Recomendamos escucharlo con audífonos para poder sumergirse en la experiencia sonora. 

En este episodio hablamos con Silvia Hernandez, sanadora, partera tradicional y líder comunitaria en Oaxaca, México. Silvia nos comparte una palabra de consejo y guianza sobre la salud comunitaria, el cuidado en los tiempos de crisis, la relación campo-ciudad y la importancia de los alimentos para nuestra salud

TRANSCRIPCIÓN

Silvia: Para mi fue un reconocerme, porque yo creo que eso pasa en muchas comunidades de nuestros pueblos originarios de Oaxaca, que la gente es muy sabia en cualquiera de sus ámbitos que los desarrolle. Ya sea en la comida, en el rezo, ya sea en la forma de sanación, o en la forma de orientación o de liderazgos en sus comunidades, ¿no?. Hay gente que nació para dar consejos, y de repente pues no hay un título ahí, porque ahí no se usan títulos

Radio Savia, vivencias de cuidado y sanación del cuerpo territorio.
Un espacio de escucha para resonar el buen vivir.
En esta temporada 2 estaremos escuchando relatos y prácticas desde las voces de mujeres defensoras territoriales sanadoras comunitarias y guardianas de conocimientos ancestrales.
Testimonios de resistencia, cuidado colectivo y esperanza que lideran aconsejan e inspiran un tejido social abundante y diverso.
Yo soy Maytik Avirama, yo soy Daniela Fontaine y juntas les estaremos guiando en esta travesía.
 

Maytik: ¿Cómo entienden ustedes la salud? Nos hemos dado cuenta que  tendemos a relacionarla con la falta de enfermedad  pero sentimos que es un nombrar desde la ausencia. Y queremos aprender a honrar y celebrar su presencia. Pensamos en la salud y sabemos que no se puede mirar el cuerpo de forma aislada pues somos seres relacionales constantemente afectados, permeados y moldeados por nuestro entorno y nuestras relaciones. ¿Cómo sería entonces entender la salud de manera colectiva desde nuestros cuerpos, vínculos y territorios? 

Daniela:  En este episodio hablamos con Silvia Hernandez, sanadora, partera tradicional y líder comunitaria en Oaxaca, México. Silvia nos comparte una palabra de consejo y guianza sobre la salud comunitaria, el cuidado en los tiempos de crisis, la relación campo-ciudad y la importancia de los alimentos para nuestra salud

Les dejamos con Silvia

Silvia: Bueno, mi nombre es Silvia Gabriela Hernández Salinas, conocida como Chivis, Chivis divis, y entonces pues me dedico a la medicina tradicional, a acompañar procesos de sanación, 

y para mi la sanación comunitaria o el tejido de creando salud comunitaria tiene que ver con la vida. Los procesos de la vida atraviesan desde la tierra que nos comemos y nos alimenta, hasta la tierra que nos va a abonar cuando nos vayamos de este plano, de este mundo.  Entonces mi trabajo ha sido enfocado en amor a la tierra para construir desde ahí pues saberes que nuestros abuelos y nuestras abuelas nos han heredado como principios de sabiduría pues indígena que siguen reproduciendo a través de la práctica de sus nietos y sus nietas. 

En ese sentido pues yo he trabajado para, desde la construcción de tierra, ¿no?, ecología, que es el reciclado y eso, hasta la salud que en los pueblos no se llaman a sí mismos, a sí mismas médicos tradicionales, médicas tradicionales, pero a eso me dedico, y un médico tradicional es aquel que cumple una función donde no hay médicos o doctoras de ciencia, pero hay gente de sabiduría ancestral que cuida su territorio, sus plantas y reconoce su territorio-cuerpo como de qué está mal y cómo sanarse,¿no? 

Ahora pues la gente llega al médico a qué, “oiga, estoy enfermo”, y ¿de qué?, “no pues no sé, me duele aquí”, se desconoce a sí misma la persona, no, entonces el conocimiento de nosotros como persona pues se fue perdiendo.

Porque el principio de sanación es que no sanas al otro tú, sino que es solo un acompañamiento y sanamos todos en realidad, ¿no?, una sociedad pues sana entre todos pues nos ayuda a liberarnos a todos de muchas cosas que también se juegan en nuestra mente por la sociedad, prejuicios sobre todo. 

Entonces la salud comunitaria para mi es eso, lograr procesos de transformación desde el tejido y la práctica, por eso es que creamos este proyecto, ¿no?, de pensar que sí se podía hacer y trabajamos con casi 14 comunidades en el estado donde pues a lo mejor hay una cara pública porque tenemos que, como, cubrir los requisitos de este sistema, pero por otro lado tenemos que generar nuestros propios subsistemas y redes al interior, para estar bien, para estar. Entonces eso es salud comunitaria, generar redes de trabajo, redes de conocimiento, de reconocimiento de los trabajos de nuestras comunidades, y también de la producción, que eso también puede ser un producto y eso también puede ser una forma de subsistencia para nuestros pueblos, ¿no?

Maytik: Se tiende a plantear la salud como algo individual y funcional, el cuerpo como una máquina aislada que tiene que producir en todo momento. ¿Qué pasaría si nos acercamos a la salud como una manera de ser, estar y habitar el mundo? Sintiéndonos cuerpo colectivo que duele, se activa, descansa y crea se abre la posibilidad de organizarnos, relevarnos y sostener nuestros procesos en el tiempo.  

Silvia: Al principio me costó trabajo llegar a la ciudad y no querer tener tanta socialización con amigos, amigas, sino solo con las plantas, con los animales, y pues era una niña rara a los ojos de cualquier persona, ¿no? Del encuadre en el que vivimos en donde la naturaleza no está vista como un ser vivo. Para mi ese fue un proceso de trabajo de muchos años, entender que la ciudad tenía una misión en la construcción de la vida social también y que yo quería buscar mi comunidad y nunca la encontraba en la ciudad. 

Daniela:  En 2006, en Oaxaca, el síndicato de maestros que reunía a más de 70mil personas, tomó la plaza pública exigiendo una mejora de sus condiciones laborales. Ante la negativa del gobierno y un intento de desalojo violento, el 14 de junio surge la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, La APPO. Durante más de seis meses la APPO sitió la capital del estado y tomó los medios de comunicación exigiendo la destitución del gobernador de aquel entonces. Fue así que surgió uno de los movimientos populares más importantes del estado de Oaxaca, que es aún un referente de otras formas de hacer y relacionarse organizativamente.

Silvia: No fue hasta 2006 que pues yo llegué a las barricadas, a decir bueno, es que yo puedo apoyar, “¿en qué?”, me dijeron y yo: “ah bueno, sé hacer informes porque estudió ciencias sociales, ¿no?, y este, sé tomar fotos y sé…” y entonces me dijeron, “¿algo funcional para la vida?” y me quedé pensando, qué sería funcional para la vida: “Ah, pues sé cuidar enfermos”, entonces dijeron “ah, eso sí,  la comisión de enfermería, ya”. Pero para mi fue muy duro porque por una lado mi abuela me manda a la ciudad para ser alguien en la vida, con esta idea de que los conocimientos y saberes de nuestras comunidades no son valorados como algo que se sabe y que también reproduce la vida, ¿no?, entonces para mi esa faceta de mi vida en 2006, pudo permitirme como mirar que eso era más importante porque me daba más felicidad, o sea, ejercí como lo que estudié, como ciencias sociales pues nunca sentí esa satisfacción que siento acompañando la vida desde otro proceso, ¿no?, desde decirle a alguien, pues reconoce tu cuerpo, sana tú,

Para mi la salud comunitaria tiene que ver con el tejido que está roto en las ciudades y qué, justo yo les decía, me lo enseñó el 2006,  es que no hay colectividades, y las colectividades salvan, las redes salvan, normalmente pensar que en el individualismo tal como lo plantea el capitalismo como un sentido mercantil, nos obliga, o nos enseña a que no podemos confiar en el otro y la otra. Y 2006 para mí es el ejemplo más claro de alguien que está buscando su comunidad y la encuentra a partir de acompañarse con otros. Acompañarnos en procesos difíciles de vida, hacer redes, comunidad, en donde cada uno cumpla una función específica y no nos tenemos que empujar, pero si tenemos que aprender a respetar nuestras diversas formas para hacer comunidad y yo creo que eso nos lo enseñan bien nuestras comunidades, en las asambleas por ejemplo, aunque no estés de acuerdo con el punto del otro, no lo vas a eliminar de tu vida, le vas a dar un espacio para hacer una construcción colectiva entre todas y todos.

Yo creo que es un llamado a la práctica, ¿no? No puedes predicar algo que no haces, primero, ¿no? Segundo, creo que hay llamados fuertes.Por ejemplo, yo creo que de estos quince años he acompañado muchos procesos organizativos para decir, “sí compañeros, pues aquí estamos, vamos, miren, hacemos esto, aquello, ¿no?”.  Entonces pues sí pero es desde la práctica, por que por ejemplo, yo me pongo a pensar qué hubiera pasado si en 2006 hubiera yo llegado al revés, ¿no? como hoy estoy a quince años, “oigan, les vengo a platicar de la salud”, me hubieran mandado por un tubo, porque en realidad lo que realmente importa en un momento de tanta efervescencia es quien llegue a hacer, este principio zapatista que los compañeros han narrado bien en una frase «mandar, obedeciendo«, llegas a hacer las cosas, ¿no? y eso cambia, a diferencia de meterlo, porque, hay que entender que vivimos en un sistema que es bastante autoritario y es un sistema capitalista y es patriarcal.

Entonces nuestra práctica como mujeres está delegada, ¿no?, a ciertas cosas que tienen que ver o que sólo con cuidado o sólo con atención al otro o a la otra, ¿no? Sin verte a ti como que también tienes una necesidad como persona, ¿no?, de ser escuchada, de ser vista y ser también parte de ese tejido que estás construyendo, y eso es con la práctica.

Si, ya después va llegando eso de, bueno, ahora hablemos de temas comunes, temas que nos son afines, que nos son necesarios para pues la salud comunitaria, el autocuidado y decir que más nos hace falta a la comunidad, pues ser vistas y escuchadas, ¿no? pues porque hacemos una reproducción social que es importante, no sólo es la vida, es lo hacemos y reproducimos en el comer, en la sanación. Pero… dijeran los carniceros, todo va por partes, (risas), no puede ser así de qué, llego y hablo porque no hay una práctica que te respalde cualquiera te va a callar, y más en comunidades que vivimos con esta idea de que las mujeres no tenemos derecho a la participación, ¿no

Maytik: Todos los días necesitamos hidratación, nutrición, descanso, y propósito. Mantener la salud es un compromiso cotidiano de cultivar la armonia entre nuestro pensar, nuestro hacer y nuestro sentir.

Silvia: Pues yo creo que el primer punto es regresar a la espiritualidad de cada uno, que uno pueda echarse un clavado interno a lo más profundo de su persona, para saber en qué cree, y a eso que crees depositarle tu fe, porque creo que el ego, de, de pensar que lo podemos todo también nos obliga a olvidar que hay algo que hay que rendirle como culto y agradecimiento y es la vida misma todos los días, no, y la vida para agradecerla puede ser como en múltiples facetas de tu espiritualidad o tu creencia. Algunos le han de llamar dios, algunos le han de llamar naturaleza, pero dejar eso también a creer y agradecer en oración todos los días es importante para no desconectar pues nuestro cuerpo de ahí, porque es importante mantener una espiritualidad alta porque eso nos da una vibración, ¿no?

Una sintonía, cuando pides para ti en oración, no pides para ti, pides para todos, ¿no?, entonces el poder de la oración es muy fuerte entonces sí es importante como agradecer todos los días de la vida, tienen una energía única. Entonces agradecer pues a los días y a la vida ese conteo de ir caminando en distintas direcciones de la energía pues también es importante porqué eso nos habla de la ciclicidad de la vida. 

Daniela: Ante las múltiples crisis que atravesamos como humanidad, existen territorios en los que ser funcional es una condición y no una posibilidad. El campo y la ciudad se sostienen de cuidados de seres invisibilizados, para quienes atender su salud mental, física, emocional es casi imposible. ¿Cómo caminar hacia una salud mental colectiva? ¿Podemos hablar de ciudades deprimidas o campos furiosos?

Silvia:este sistema nos ha enseñado a ser víctimas de nuestro propio territorio, ¿no? O sea, no amarnos es un proceso grande para herir nuestros cuerpos, ¿no?, porque nos hacemos daño a nosotros, a nosotras, entonces se nos olvida que lo que debemos más amar para que en esa vibración podamos compartir un poquito de ese amor. 

Entonces si he llegado con mucha gente que cuando viene, o cuando me toca ir a comunidad, como que está desconectada de su cuerpo, y si veo una diferencia grande entre atención aquí en la ciudad a las comunidades. Hay una diferencia real por ejemplo en partos. Me llama mucho la atención que aquí los partos duran muchas horas, ¿no?, nos han robado el preparar nuestro cuerpo para algo que es un proceso normal, natural, y en las comunidades las mujeres ya llegan cuando el niño ya casi va afuera ¿no?

 Entonces, es distinto, es distinto, nos han robado nuestro territorio y creo que es un proceso de recuperarlo, no va a pasar por teoría, va a pasar por que realmente lo hagamos práctico en nuestra vida diario, diario, diario, y qué si hay pruebas bien difíciles, porque a veces decimos, “ay es que me duele acá”, ¿dónde?, “es que no sé si acá o acá”, o sea, pues, ¿cómo voy a saber dónde les duele?, ¿no?, osea, a veces el cuerpo es bien, es lindo, porque se ve la inflamación, pero entonces ya ahí tú perdiste una conexión de reconexión con tu cuerpo, ¿dónde te está doliendo en realidad? Y si es dolor o es otra cosa, porque a veces nos ponemos capas y capas y capas para decir que es esto, pero en realidad a veces es, tiene que ver con no poder hablar, con no poder expresar, con no poder decir que quiere uno, o como quieres eso que quieres. Entonces pues yo eso es lo que más he visto, como que, en realidad, somos enfermos y enfermas, si es que hay que ponerle un nombre a los padecimientos que este sistema nos ha dado, de nuestro propio desarraigo territorial de nuestros cuerpos. No nos habitamos a nosotras mismas, a nosotros mismos, en todos nuestros espacios que tenemos que construir.

Por lo menos en la ciudad lo que más veo es estrés y nervios, como que vivimos como a la expectativa de lo que esperan otros, o sea ya no vivimos por vivir, sino en la expectativa.

Y en las comunidades hay como mucho coraje, o sea cómo se diferencia el sentimiento, por así decirlo, pero si es lo que más se ocupa, entonces pues la gente vive contenida, y eso también digo pues eso en algún momento si ese coraje se encauza, pues hay que empezar a trabajarlo para que no sea como un explotadero violento, entonces tenemos que aprender a habitar cada espacio de nuestro cuerpo, muy chiquito que sea, darle un contenido para en ese sentido caminar.

Eso que la gente empieza a sembrar y no darle un buen uso como la reapropiación del trabajo va pues también en declive emocional para la gente, entonces yo creo que ese es el coraje que se guarda. Entonces por un lado valoramos unas cosas pero desvaloramos otras, ¿no?

Por ejemplo, en la red de médicos a la que pertenezco, muchas veces decían las compañeras, “es que todas estas nuevas medicinas que salen como momento maravilla”. Como en algún momento estuvo el neem o la moringa, lo que hacen es como, este mismo sentido de monocultivo para que la gente solo tenga una, y nuestros pueblos y territorios tienen mucha ampliedad, como para sanarnos de múltiples maneras, entonces hay que reconocer el territorio físico para cultivar las plantas que nuestros abuelos y abuelas nos daban como esa herencia milenaria de sanación, entonces enseño así, 

Estoy haciendo mis propios este, mezclas de vida, a partir de la permacultura, lo que tenemos a nuestro alrededor es lo que nos va a sanar, y es lo que tenemos que reproducir para mantener nuestra cultura, nuestra vida y nuestra salud. Entonces trabajamos así como hacemos pequeños pies de crías, de las plantas que normalmente nos dan identidad para curarnos, ¿no? 

Y en cada pueblo hay una variación, hay variaciones y hay que cuidar nuestras plantas porque si no, tampoco vamos a tener plantas para nuestra salud, entonces no es que voy y tomó la planta y me la traigo y la hago producto, sin pensar como esa planta se va a mantener viva ahí para que haya medicina hoy acá y mañana o pasado cuando yo no esté también siga habiendo. Entonces un poco desde ahí trabajamos con los productores que trabajan, que trabajamos en colaboración, un proyecto colaborativo y eso es lo que hacemos.

Entonces es un proceso colectivo que da frutos, y no da frutos porque uno esté, sino porque uno comparte cómo podemos generar redes de autoconocimiento y reconocimiento para nuestros trabajos cotidianos y que eso también sea una forma de vida.Porque si entonces buscamos otra forma de vida alterna, de decir, bueno entonces me busco un trabajo, no funciona, osea, lo hice en algún momento, y a lo mejor puede ser que a alguien le funcione y está bien, a mi no, no, entonces este, este procedimiento de acompañar la salud desde otro lado, ha sido también un proceso propio de un proyecto de vida desde lo que hacemos en la práctica todos los días. 

Daniela: Honramos a nuestras ancestras y todos los conocimientos, las prácticas y los rezos que nos acompañan y cuidan en el presente. Acuerpamos a las aprendices de estos saberes propios pues sostienen en el tiempo el tejido de sanación y resistencia de la vida digna en nuestros cuerpos-territorios.  

Silvia: ama, vive y sé libre sin esclavizar a los demás, a veces amamos demasiado, ehm, pero nos esclavizamos a nosotras mismas también en ese procedimiento y la libertad es para todos y todas incluyéndote a ti misma, no te esclavices por nada ni por nadie y camina con pues los senderos de la libertad.

Maytik: Gracias a Silvia Hernandez por recibirnos en la casa-taller del Tendajon Layuu con profunda generosidad y alegría en un día 6 Q’anil. Si están en Oaxaca no duden en visitarla y también siganla en redes. Gracias también por toda la inspiración y el trabajo en red de su asociación de productores  y larga vida a los procesos de sanación comunitaria.  

Este episodio fue editado y producido por Daniela Fontaine y por mi, Maytik Avirama. La producción sonora y la composición son de Carlos Castañeda, y el diseño sonoro de Carlos Castañeda y Maytik Avirama. La transcripción de Gabriela Amor del proyecto Alma de Tierra. Daniela Fontaine en la identidad visual. Muchas gracias por escuchar, mucha inspiración para todos sus movimientos y hasta muy pronto. 

Esta temporada cuenta con el apoyo de Doc Society Foundation. 


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