
- Producción: Maytik Avirama, Luz Estrello, Carlos Castañeda, Daniela Fontaine y Frida Chiu
- Diseño sonoro: Carlos Castañeda y Maytik Avirama
- Producción musical: Carlos Castañeda
- Música: Carlos Castañeda y Alejandro Durán
- Voz: Zarigüeya
- Portada: Daniela Fontaine y Sebastián Giraldo
- Asesoría vocal: Gabriela Guraieb
- Substack e investigación: Frida Chiu
- Comunicación y redes sociales: Mariana Beltrán
Este es el séptimo episodio de la tercera temporada.
En este episodio visitamos el río Funza, más conocido como río Bogotá, un ecosistema hídrico de aproximadamente 380 kilómetros que conecta múltiples territorios y realidades en el centro de Colombia. A pesar de sostener una enorme diversidad de vida, es también el río más contaminado del país.
A través de las voces de Claudia Pedraza, del refugio de Guacheneque; Nicolle, mujer muisca del resguardo de Suba; y Paula Gómez, habitante de El Charquito, recorremos distintas formas de relacionarse con el río y de acompañar su cuidado desde la memoria, la organización comunitaria y los afectos.
En esta conversación exploramos cómo las ciudades aprendieron a darle la espalda al agua, qué ocurre cuando se fractura el vínculo entre los cuerpos de agua y quienes los habitan, y cómo distintos procesos colectivos buscan volver a escuchar, nombrar y caminar el río.
Este episodio es también una invitación a reconocer que un río no es sólo su cauce principal, sino las memorias, especies, comunidades y relaciones que sostienen su vida.
Les invitamos a sumergirse en esta escucha y dejar que el río Funza nos hable desde las aguas y territorios que compartimos.
Transcripción
Nicolle: Hijos del agua que piensa de la serpiente madre que repta en la niebla del soplo del páramo del ojo de la laguna del vientre de la laguna que parió á la luna. Cuando el sol dice su nombre en las piedras y el agua, fuimos guapucha, capitán, pescador y orilla. Fuimos canto y silencio. Maíz y semilla. No somos pasado, somos memoria que anda tejido, que no olvida la palabra antigua buscando su vida. En cada gota del río, despierta la vida. Ser muisca es andar con el pulso del trueno, sembrar en el ruido un camino nuevo, y escuchar en el agua las viejas melodías. Somos hijos del agua, la laguna y el canto. De la madre serpiente que renueva su manto. Y mientras el río murmura en la sagrada piedra, seguiremos siendo palabra que se siembra.
Cortina.
Maytik: Es común escuchar que la vida viene del agua. Y en muchas leyes de origen esta realidad se traduce en un consejo tangible: el agua es familia, se cuida con la vida, se agradece y se honra. En el mundo moderno, muchas veces vivimos cerca de cuerpos de agua que yacen escondidos en tubos o que han sido contaminados o secados. Desde esta realidad, ¿qué necesitamos para sostener un vínculo de cuidado mutuo con el agua que nos rodea? ¿Cuánto tiempo y atención dedicamos a hablarle a los cuerpos de agua, y a escuchar lo que nos dicen de regreso?
Daniela: En este episodio vamos a visitar al río Funza más conocido como el río Bogotá, un gran ecosistema hídrico que en su largo recorrido de aproximadamente 380 kilómetros conecta múltiples realidades en el centro de Colombia, y que a pesar de sostener mucha vida es también el río más contaminado del país. Vamos a escuchar el entretejido de tres voces, que se enuncian desde distintas partes del río: Claudia que habita cerca a su nacimiento y hace parte del refugio de Guacheneque, Nicolle del resguardo Muisca de Suba, ubicado cerca al lugar en el que el río llega a Bogotá, y Paula habitante del Charquito, el primer pueblo por el que pasa el río después de atravesar la capital.
Claudia: Mi nombre es Claudia Pedraza. Estamos cerca al río Bogotá, Villapinzón, Cundinamarca, a 78 kilómetros de la capital, pero en un lugar donde se trazan caminos y memoria.
Nicolle: Zehyca Nicolle. Mi nombre es Nicolle. Gue Nga chaSubague. Soy mujer muisca del territorio de Suba.
Paula: Mi nombre es Paula Gómez. Soy habitante del Charquito, corregimiento número 2 del municipio de Soacha, cuenca media del río Bogotá.
Nicolle: La ley de origen de nosotros remembraba que esto era oscuridad. En esa oscuridad emergió la luz. Los seres que mandan esa luz son las aves, y esto básicamente está diciendo es que cada día amanece, que cada día hay una oscuridad, en esa noche, y sale el sol, y son las aves en las que reside ese canto. Cuando se alumbra el universo o los pluriversos, empieza a haber vida de muchos tipos. Y, pues uno de ellos somos los humanos, que justamente en lengua muisca, muisca es gente. Nosotros nacemos y nuestros primeros padres son serpientes, que nacen de una laguna en un páramo.
Claudia: El páramo es un imán de nubes que recoge la neblina, la convierte en agua, la lleva por sus troncos. Cada plantita está haciendo un trabajo diferente, son un gran equipo, un enorme equipo que va llevando agua filtrada a través de las montañas. Y por escorrentía forman un caudal de un río maravilloso: es el río Bogotá, Funza-Bogotá. El río Bogotá, conecta 47 municipios, entonces somos 47 interconectados con el agua que nace en nuestro municipio. Kilómetro 0 es silencio, armonía, bienestar, tranquilidad hasta el kilómetro 8.5. Hasta ese punto, el agua es completamente potable. Y hay varias especies que nos permiten ver que el agua de verdad tiene una alta pureza. Se han hecho mediciones acá y es impresionante que no tiene absolutamente nada, nada de contaminación, tanto en el kilómetro 0 hasta el kilómetro 8.5.
Claudia: En el kilómetro 9, ya se empiezan a ver vertederos ilegales de todo, especialmente las lecherías, que hay tres a la redonda El suero de la leche lo botan al el río. Cuando ya llega al pueblo, que es el kilómetro 11, el río ya no es transparente. Ya lleva un color lechoso, dependiendo de cómo haya sido el clima en los anteriores días, pero está bastante revuelto y las piedras ya no tienen la mitad verde. Ya ni siquiera se ve. O sea, ya no alcanzas a ver las piedras en el fondo. Y ya tiene olor. En el kilómetro 14, vienen las curtiembres. Por muchos años, la curtiembre fue el ingreso principal de la comunidad, más que la papa; pero la curtiembre trabaja metales muy densos, y desde el año 2000 se cierra la posibilidad de tener este tipo de negocios acá, solamente hay tres empresas que lo hacen. Y ahí en adelante vienen todos los desechos. La indiferencia. Y hay tres plantas de tratamiento que son insuficientes. Entonces ya viene Suba, viene Bogotá y en Bogotá, pues son cuántos millones de habitantes… y todos los desechos y toda la indiferencia van al río. Cuando se termina el río en la calle 80, aunque se está haciendo un gran trabajo allá, el río es completamente negro. Y ya llegando al Charquito, el río hiede. Y el río va lleno de basura, pero no solamente de basura física, yo creo que la basura más grande que recibe el río es la indiferencia de todos nosotros.
[Paisaje sonoro: … del humedal y en esta chacra tenemos sembrado frijol de siete variedades diferentes, tenemos quinua… ]
Paula: El río Bogotá tiene una característica bien, eh, fuerte, y es que está cercado por todas partes. Llegar al río en muchas partes es imposible. Claro, si tú pierdes el contacto con los ecosistemas, pues no te sientes parte de y no sientes que sea tu responsabilidad tampoco.
Nicolle: Yo creo que Bogotá, como se ha creado es una ciudad que le ha dado la espalda al agua y literal, cuando ustedes ven en las fotos históricas de cómo fueron canalizado la mayoría de los ríos, van a encontrar que siempre las casas estaban de espalda al río. La entrada era por los otros lados, porque cuando llega este sistema-mundo occidental, acá ponen los desechos en el río que eso es algo que no teníamos los muiscas, en lo absoluto, porque el río es de donde venía el alimento.
Paula: Estamos muy ligados a cómo se entendió el agua desde la colonia, y cómo empezamos a contaminar los cuerpos de agua viendo una lógica que pues no tan lógica, para mí al menos no, de botar el agua sucia al agua limpia. Entonces, cómo un río en el que mi abuela se bañó, pescó, nadó, sí, lavó, ¿ya no lo puedo tocar? Cuando fui a Villapinzón a conocer el nacimiento del río, lloré: en esta agua limpia se bañó mi abuela, yo también me puedo volver a bañar en el agua del río, así sea en otro punto del río.
[Música: Hoy doy gracias por el agua y por la tierra de mi abuela, hoy doy gracias por las piedras que recuerdan cómo era ella, hoy me siento aquí a esperarla en la quebradita blanca, sin su foto, sin su nombre, sólo con lo que la quiero]
Daniela: Reconocemos que un río no es sólo su cauce principal. Un río es la laguna que lo pare, sus cuencas y microcuencas, voladoras y subterráneas, la lluvia que lo nutre y el mar al que llega. Un río es también la fauna y flora que sostienen sus aguas, las ciudades, y los humanos que lo atraviesan, los seres espirituales que lo guardianan y viajan a través de sus aguas.
Nicolle: Cuando nuestros primeros padres salen de esa laguna hechos serpientes, empiezan a caminar los territorios, y por donde caminan, van pariendo gente. Muchos mensajes se dan justamente porque cuando vuelven los mohanes, cuando vuelven esos espíritus del agua, esos espíritus que transitan por los caminos del agua se dan cuenta que al llegar ya no encuentran sus puertas o sus ventanas, que son precisamente las lagunas. Entonces cuando llegan y ya no, ya no están esos lugares porque lo secaron para hacer una torre de apartamentos, lo secaron para hacer un centro comercial, lo secaron para hacer un parque. Entonces llegan ellos y necesitan armonizar también y mostrar como su desacuerdo con el territorio. Entonces, lamentablemente, somos nosotros los que hemos tenido que ver toda esa comunicación que tienen los mohanes y en sí, los seres del agua frente a esas desarmonías y violencias que hemos tenido por el territorio.
Paula: Un ordenamiento territorial desordenado, de decidir que las aguas sucias van para el río pues contaminó este cuerpo de agua y fracturó la relación que tenían los habitantes del Charquito con ese cuerpo de agua.
[Paisaje sonoro: …por el río Bogotá, para que lo conservemos limpio, puro y en su cauce, para que el gobierno se dé cuenta de la contaminación que hay, hagan plantas de tratamiento en todos los municipios… ]
Maytik: En marzo de 2014, un tribunal nacional emitió la sentencia del río Bogotá, mediante la cual se ordena al estado asumir la responsabilidad en la recuperación, descontaminación y protección integral de su cuenca.
[Paisaje sonoro: Qué pena con el río de la Magdalena, el río Magdalena, los peces del Magdalena están muriendo por la contaminación, hagamos algo, gobierno por limpiar nuestro río Bogotá]
Maytik: Esta resolución es el logro histórico de más de dos décadas de organización y acción ciudadana. La sentencia plantea la articulación de un sistema institucional que coordine a más de 50 entidades y municipios involucrados en la gestión del río; así mismo establece la construcción y optimización de plantas de tratamiento de aguas residuales como una de las estrategias centrales para su saneamiento; y reconoce la responsabilidad estatal en las fallas de regulación y control sobre las actividades industriales
[Paisaje sonoro: ¡estamos en la marcha por el río Bogotá!]
Maytik: No obstante, a pesar de los avances alcanzados en los últimos años, en la práctica muchas comunidades continúan a la espera de resultados más tangibles, y sigue latente la pregunta sobre cuáles son los mejores caminos para el bienestar ecosistémico del río.
Paula: Se supone que en la sentencia del río Bogotá, dice que tienen todos los municipios que tener PETAR: planta de tratamiento de agua residuales. No todos los municipios la cumplen. Hay unos que la cumplen, pero a medias, o sea, no tienen la capacidad la PETAR de limpiarlo. No son efectivas. Y pues, sí ayudan un poco, yo no voy a decir que del todo son negativas. Pero pues uno ve que ahí es donde están los intereses económicos. Como esa discusión de cuál es la solución para el río Bogotá y como usted des-contaminaría. Y hay un paradigma que tienen varios, que yo apoyo eso, y es que es mejor dejar de contaminarlo. Pero es más fácil desde la lógica urbanística, el capitalismo y demás, pues crear petares porque, claro, la PETAR también es un negociazo.
[Música: Yo me sueño que en el monte, antes del amanecer, se desprenden las raíces de los árboles frondosos, se empiezan a mover y sus almas desplazadas no saben para dónde correr…]
Maytik: ¿Qué efectos tienen las soluciones basadas en los mismos sistemas que nos están enfermando?
Daniela: ¿Un río es un recurso al que se le da la espalda, o un ser al que se le acompaña cuando enferma?
[Música: …quién los ha de lamentar, cogen sus semillas y se van para otras tierras donde los quieran sembrar, un lugar en el que puedan germinar, pero al poquitico tiempo, su ilusión se les derrumba y los mandan a talar. Oye, arbolito, no pares de buscar, que si tú te rindes la muerte nos llevará…]
Nicolle: El principio más básico para nosotros que es nacer en el agua, nacer en el Tibabuyes, parir en el Tibabuyes, es para la ciudad, el lugar donde boto todos los desechos luego y entonces te quito la soberanía alimentaria. Te quito justamente esa relación y esa comunicación que tenemos entre agua y gente. Y ahí es donde empieza a secarse, literal, el espíritu. Entonces tú vives insolado. Vives con ese estrés, como seco, como chupado, diría mi abuela, que es cuando uno está… está desanimado.
Paula: Nosotros digamos que en comunidad hemos discutido esa idea del río muerto. Yo veo, por ejemplo, en el río aquí, cuenca media donde llega súper contaminado, todavía hay vida. Hay garzas bañándose en el río. ¿Cómo resisten? No tengo ni idea, pero hay garcitas en el río.
Nicolle: Justamente nuestros hermanos mayores que son los animales, ellos siempre están allá. Y ahí están las plantas, limpiando, porque igual es su función también, como sanarse mutuamente, coexistir mutuamente.
Paula: Entonces yo digo como, bueno, pues esta garza se quedó ahí luchando y como cuidando su río, ¿por qué yo no? Yo no creo que el río esté muerto porque igual el río no es sólo su cauce principal.
Nicolle: Entonces es la misma analogía, es la analogía de decir, los muiscas están extintos y también mucho de esa vida biológica en Bogotá también. Y es decir: no, nuestros cuerpos son esa reivindicación y sobre todo el aliento que tenemos con el cuerpo, el mismo que tiene el río, por ejemplo.
Paula: ¿Cuál es nuestra relación con el río? Como que nos hemos cuestionado y pensado eso. Mi abuela se bañó en el río, pescó en el río, así como que tuvo mucha más conexión y se sentía ribereña. Y nos hemos empezado a nombrar ribereñas. Ribereños de un río que no puedo tocar, al que no me puedo meter, en el que no puedo navegar, en el que no puedo pescar.
Maytik: Los humanos también podemos ser micocuencas del río. Con nuestra presencia, escucha y organización nutrimos su cauce. El río Funza está rodeado de muchos procesos que lo piensan y lo cuidan, y trabajan cotidianamente para profundizar su relación desde los afectos, el rezo y la creatividad.
[Paisaje sonoro: Bienvenidas, bienvenidos, al aula ambiental del humedal El Charquito, esta aula pues bueno ha sido un proceso de varios años de construcción, y en sus paredes tiene también como un experimento de pintura de las especies presentes y no presentes en el humedal…]
Paula: La escuela nació en el año 2018 porque descubrimos que el humedal era un humedal. No lo nombrábamos como tal, entonces fue: no, pues tenemos que empezar a defender este humedal. O sea, cómo así que era un humedal y nadie nos había dicho, nadie sabía. Nosotros empezamos a reunirnos con varias mujeres, sobre todo, y como con temas en común. Entonces queríamos como aprender cosas sobre reciclaje, queríamos aprender cosas sobre huertas y empezamos como a reunirnos. Y entonces, pues la escuela se conforma sobre todo de mujeres mayores, amas de casa, que llevan años sin coger un lápiz, sin dibujar, sin aprender algo nuevo, ¿no? Entonces fue como el miedo primero de: ¿será que si íbamos a ser capaces? Y empezaron a ilustrar estas mujeres y uf, salió una cosa bellísima, o sea en serio, la guía ilustrada de aves. Ahora la vemos y como que nos quedaron feitas y un poquito chuecas, pero en el momento, pues claro, ser las primeras aves que ilustras es una cosa impresionante de decir “cómo soy capaz de hacer esto”. Y la escuela se empezó a convertir en eso. Como pues, obviamente un espacio de cuidado de la naturaleza, pero también de cuidado de la salud mental y de cuidado colectivo también, de tener un espacio seguro para hablar, para encontrarse, para hacer algo fuera de la cotidianidad.
[Paisaje sonoro: Entonces ellas tienen que hacer un ritual que es ir entregar unas flores en una balsa. Esta es como una balsa, entonces, hacer una balsa y entregar un pagamento a la laguna de Tibabuyes]
Nicolle: Una de las tareas que tiene la revitalización de la lengua muisca es volver a comunicarnos con el territorio, esto implica que cuando hay una respuesta del mismo, pues empezamos entonces a nutrir un un un camino que nos está orientando la tierra misma. Entonces, recuperar la lengua para nosotros es resignificar todo lo que ha significado esta llegada de la ciudad, que es muy marcada, que estamos escuchando en este momento… dentro de como de los acuerdos que tenemos comunitariamente está el reivindicar, entonces, la palabra y los lugares sagrados a través de la palabra. De esa manera, nosotros buscamos nombrar al río con su nombre y quitarle ese negativo a la gente que ha llegado al territorio, por ejemplo, en llamarle caño o otras muchas palabras que finalmente, pues son violentas, ¿no? Si le decimos al río con su nombre, y precisamente su nombre está en su lengua originaria, se activa también esa reciprocidad en la comunicación con el territorio, el territorio empieza a hablarle a uno cuando le habla en su lengua, porque empieza otra vez a entenderlo.
[Paisaje sonoro]
Claudia: El solo hecho de restaurar la relación con el río, está generando una sanación, no, aquellas personas que de verdad quieren tener una relación con el río, no necesitan hacer mayor cosa, solamente querer relacionarse con él, caminar en el río, hacer inmersión en el río, comunicarse con él, son diálogos continuos. Acérquese al río, dialóguelo, reconózcalo y sepa que está ahí. No es nada más. Restaure la relación con el río nomás, camínelo.
Daniela: Claudia, Paula y Nicole nos comparten algunas reflexiones de cierre.
[Música]
Claudia: El territorio está gritando que sigas el cauce, que sigas la vida, que sigas la memoria, que honres la memoria y que no te detengas sin importar el sitio donde estás. Puedes seguir andando. Puedes seguir fluyendo con el agua, con el río, con tus emociones, desde el amor.
Paula: El cuidado también es amar. Tú no puedes amar lo que no conoces. Y pues, empezar como a reconocer y conocer como la biodiversidad y los ecosistemas, los cuerpos de agua, pues hace parte de ese empezar a amar, y ese empezar amar lleva a cuidar, porque pues tú lo que amas, lo cuidas.
Nicolle: Al pueblo muisca ya no se le habla sólo en pasado se le habla ahora en presente. Algo que ha permitido también este está como está etnogénesis es que podamos volver a encontrar en esos lugares sagrados lugares de resistencia, porque son precisamente los lugares de origen de este pueblo y a los cuales se empieza a replantear que se requiere ese cuidado colectivo para que se puedan sanear todos esos problemas estructurales que se viven.
Paula: Seguramente cerca ustedes hay alguien que está haciendo y que piensa lo mismo que ustedes, y hablarlo y compartirlo es eso lo que nos permite unirnos para hacer cosas lindas y grandes.
Nicolle: Hay una tristeza colectiva, hay una desesperanza colectiva, pero son en estas fisuras, estas gentes que hacemos fisuras a este sistema a veces tan cruel, los que logramos embalsamar esa desesperanza y transformarla como en un cuidado que es de todos y todas, que es familiar, que también nutre la vida, que nos hace pensar que que esta vida y este mundo es maravilloso.
Nicolle: Cubun achihiza nxiec chyquy / achie acubun achahuanmague / nxiec hicha chihizanxiec chinizac / guescas oba finsuca muysca / nxiec agachi bgas achihicha choc / bcheuesuca: Gracias, queridas, gracias al encanto y al susurro del mohán. Gracias a la fuerza y a las raíces en la tierra. Y gracias a las que resisten y floreciendo van.
Daniela: Gracias a las voces y procesos que nos acompañaron en esta escucha del tejido de cuidados del río Funza. Además del refugio de Guacheneque, el Cabildo Muisca de Suba y la Escuela de Pensamiento Ambiental y de Paz Humedal El Charquito, queremos dar un agradecimiento especial a Laura Giraldo del colectivo Entre Ríos quienes sostienen una importante labor de tejido relacional, creativo y organizativo en su cuenca. Asimismo muchas gracias a Diego Restrepo quien generosamente nos compartió sus reflexiones y conocimientos fruto de su trabajo en torno a la cuenca hídrica del río Bogotá.
Maytik: En este episodio escuchamos el caminar del río Funza hasta el Salto del Tequendama e imaginamos su largo recorrido de 380 kilómetros hasta el río Magdalena. Honramos a todas las comunidades por las que pasa el río después de pasar por la capital. Reconocemos que cada gesto de organización, escucha y encuentro con el río está honrando su vida desde el páramo hasta el mar. Intencionamos que podamos reconocer en los cuerpos de agua seres vivos, seres amigos, seres familia con los cuales existe la posibilidad de sostener un vínculo de reciprocidad.
Maytik: Este episodio fue producido por Maytik Avirama, Luz Estrello, Carlos Castañeda, Daniela Fontaine y Frida Chiu. El diseño sonoro es de Carlos Castañeda y Maytik Avirama. La producción musical es de Carlos Castañeda y un agradecimiento especial a Zarigüeya en la voz y Alejandro Duran en la música. La portada fue realizada por Daniela Fontaine, con asesoría gráfica de Sebastián Giraldo. En esta temporada contamos con la asesoría vocal de Gabriela Guraieb. Luz Estrello es la productora, Frida Chiu en el substack y la investigación. Mariana Beltran en comunicaciones y redes sociales. Gracias a todix por escuchar y hasta muy pronto.
