
- Producción: Daniela Fontaine y Maytik Avirama
- Guión: Daniela Fontaine y Maytik Avirama.
- Diseño sonoro: Carlos Castañeda y Maytik Avirama
- Producción musical: Edgar Marun, Pedro Ocampo y Carlos Castañeda
- Portada: Daniela Fontaine y Sebastián Giraldo
- Asesoría vocal: Gabriela Guraieb
- Producción en campo: Luz Estrello
- Investigación: Frida Chiu
- Comunicación y redes sociales: Santiago Atehortúa
En este cuarto episodio de la tercera temporada de Radio Savia, nos encontramos con la palabra como raíz, como medicina y como acto de resistencia.
Le pedimos consejo a Rosa Chávez, poeta maya quiché-kaqchiquel, cuya voz nos invita a retomar el don de la palabra desde nuestros propios términos: nombrarnos, contarnos y reconocernos como parte de historias colectivas, territorios vivos y memorias que persisten.
A través de la poesía, la cosmovisión maya y la experiencia encarnada en el cuerpo y el territorio, Rosa nos habla de la sanación que emerge al nombrar la herida, de la pausa como acto político y espiritual, y del goce colectivo, la fiesta, el baile, la alegría, como formas profundas de resistencia frente a los tiempos de urgencia, despojo y olvido.
Este episodio intenciona un inicio de ciclo: aligerar cargas, escuchar otros ritmos y permitir que florezcan relatos propios que sostengan la vida, la memoria y la esperanza.
Una invitación a pausar, escuchar y recordar que nuestra palabra está viva.
Recomendamos escucharlo con audífonos, con algo de beber y el corazón dispuesto a dejarse tocar.
TRANSCRIPCIÓN
Rosa: Retomar nuestra palabra, nuestra esencia puede ser complicado. Se requiere de dar un paso, dos y tres. Es mostrarnos al mundo, pero necesitamos mostrarnos al mundo tal cual somos, dignas, resistentes, persistentes, con nuestra historia y la historia de nuestros territorios, nuestras pluralidades, que nuestro pensamiento es valioso. Que hay muchas historias en nuestras casas, con nuestras abuelas y abuelos, con quienes están y quienes ya no están. Historias que esperan ser nombradas.
Daniela: En este inicio de año gregoriano, les invitamos a escuchar el aliento y la raíz que habita en la palabra que nos sostiene. A veces solo necesitamos pausar para escuchar lo que el cuerpo y el territorio nos quieren decir, percibir que nos susurran donde duele, qué pesa, qué ya no se quiere cargar. Y también qué quiere florecer, es en la presencia que emerge también la posibilidad de imaginar otros mundos posibles.
¿Qué emerge si pausamos? ¿Qué percibimos que nos está restando energía?
Maytik: En este episodio, le pedimos consejo a Rosa Chávez, poeta maya quiché-kaqchiquel, cuya palabra es raíz y medicina. Rosa nos habló de la importancia de nombrarnos en nuestros propios términos, desde nuestras historias y nuestros territorios. Nos compartió también sobre los procesos de limpia intergeneracional para remover lo que ya no es nuestro, abrir camino para relatos propios que nutran formas de ser más auténticas y cercanas a nuestra esencia. Les dejamos con Rosa.
Rosa: Mi nombre es Rosa Chávez. Me enuncio como una mujer maya Quiché Kaqchikel que son dos pueblos de lo que ahora es Guatemala. Soy poeta y la palabra y la poesía, la nombro como mi columna vertebral. Y a partir de ahí, pues derivan algunas ramas de otras prácticas desde el arte, como el video, la música, el performance, pero también parte de mi función o de mi energía ha sido acompañar y caminar junto a los movimientos de liberación de sanación, de transformación de mi pueblo y de otras comunidades á las que pertenezco.
Y, eh, me muevo entre distintos territorios, cuerpos. Estoy en ciudad de Guatemala, como donde también por temas de migración interna hace años vivo y también he recreado comunidad. Y también pienso que es una ciudad con una energía muy fuerte. Puede ser muy densa, pero que también aquí se construye colectividad y que también los pueblos indígenas hemos habitado antes de que existiera una una ciudad tan grande de cemento, pero también me movilizo entre mi territorio, el quiché, que es donde crecí y donde está sembrado mi ombligo y donde está mi tierrita, entonces, bueno, vivo como en este en este movimiento también constante.
Daniela: Si los territorios que habitan hablaran, ¿que les dirían?
Rosa: Quisiera escuchar el consejo del aire que estamos sintiendo en este momento y que nos recuerda a cada respiración el ciclo de la vida y de la transformación y de la muerte. Son tiempos en donde se puede perder el aliento, pero que en cada respiración, este aire nos dice que la vida es constante. Todo vibra, todo habla, todo nutre y es parte de los principios de la cosmovisión maya no solo como filosofía, sino como parte integral de nuestra vida. También podría decir que este territorio donde estamos nos habla desde su memoria, desde su memoria de saqueo, desde su memoria de desapariciones forzadas, desde su memoria de desplazamiento. Pero también desde la memoria de movilizaciones masivas por un territorio liberado y sanado. Somos pueblos que tenemos una continuidad ancestral y que seguimos con vida, y nuestra vida está visible en todas partes. Estamos también en un territorio sobre montículos antiguos, sobre altares antiguos que están dormidos y algunos están despiertos también. Y nos dicen aquí estamos. Y cuando nos dicen aquí estamos, es que aquí están nuestras abuelas y abuelos también.
Maytik: Cuando hablamos de sanación parte del proceso de cura puede requerir nombrar la herida, localizarla, sentirla, hablarle. Disponernos a la escucha atenta de lo que surge de adentro. Puede que lleguen susurros de aliento que traigan memorias o prácticas relevantes para acompañar nuestros procesos.
Rosa: La sanación de manera individual creo que va vinculada a lo colectivo y a lo comunitario, y a entendernos como parte de la tierra y parte de un todo. Creo que es la diferencia de prácticas capitalistas, individualistas, el entendernos en coexistencia y el reconocer la medicina de la tierra y reconocer que la tierra también está enfermando, que también está siendo despojada de su medicina, que los cuerpos de agua están resistiendo. Y ahí hay una sanación tan profunda en todos los consejos de los cuerpos de agua, la persistencia que tienen, la fortaleza que tienen también, pero también cuando se necesita trastocar, cuando se necesita tener fuerza ahí van los cuerpos de agua. El consejo también para transmutar, para liberar, para soltar lo que ya no nos pertenece. Veo la sanación también como una sanación ancestral. Tomar de nuestra historia lo que nos va a transformar lo que nos va a sanar, pero también cortar lo que necesitemos cortar de nuestra historia. Y eso puede verse, quizá como una traición en algún momento, pero creo que es importante, y especialmente para las mujeres y para los cuerpos disidentes. Es un proceso complejo, pero entonces también qué tomamos de nuestras prácticas y cómo las vamos descolonizando. La descolonización de la espiritualidad me parece muy valiosa, los elementos que utilizamos, las prácticas, cómo nos relacionamos también, cómo el poder dentro de la espiritualidad también… qué poder se puede ejercer como acompañante, como terapeuta, como sanadora, desde dónde me posiciono. Es una pregunta muy importante que me acompaña y que es una constante al caminar en colectividad.
Maytik: Rosa nos habló de la palabra y la poesía como medicina y como un saber en resistencia que nos recuerda quienes somos y qué sostiene la memoria de donde venimos. También nos habló de los dones, de esos regalos con los que venimos al mundo y que nos permiten florecer, y ofrendar bienestar al tejido más amplio.
Rosa: La palabra es un regalo, y también es un don que he entendido como parte de mi nahual, de mi función de vida. La poesía también es un regalo y nombro a la palabra como un poder que estoy recuperando. Somos el pueblo maya. Somos un pueblo de escritura antigua que se quiso borrar, que se quiso cortar, quemar, pero que ha sobrevivido hasta este momento. Quemaron miles de libros sagrados, pero sobrevivió en las piedras, y sobrevivió también en la voz de las abuelas y abuelos que resistieron y guardaron el conocimiento. Retomar la palabra escrita, para mí no es algo ajeno, sino es retomar un hilo histórico, un hilo ancestral. Para mí, ha significado retomar un poder de enunciarme. De que nadie más me nombre me describa, sino ser yo misma. Y al ser yo misma, no soy sola porque soy parte de un pueblo, soy parte de una historia colectiva. Entonces, pues a la vez es un acto para mí, sanador y liberador, el enunciarnos.
Escribir, contar mis propias historias, colectivizar y retomar ese poder de la palabra como un gesto también anti-sistémico, anti racista, ¿verdad? Y también, retomar mi palabra desde el placer, desde el goce, desde los movimientos. Entonces, como una palabra plural, ha sido muy valioso y me ha acompañado en este ejercicio creativo poético, político, espiritual, que para mí es y ha sido la poesía.
La poesía me ha acompañado en tránsitos, de caminares quizá muy oscuros, que la oscuridad ha sido buena, ha sido bella, pero no siempre ha sido cómoda. Y la poesía me ha ayudado a transitar distintos momentos de la vida y también a colectivizar y a acompañar por medio también de la palabra. En las ceremonias mayas, pues hay un discurso poético, sanador, muy profundo en relación con el fuego, con los nahuales, con los elementos… la poesía en la voz de mis abuelas de mi madre, la poesía de las piedras, eh, la poesía también de todo lo que vibra en esta ciudad. La poesía es un ejercicio que nos acompaña desde siempre, y que la poesía también está desde la palabra, la palabra escrita, pero también está escrita desde nuestros cuerpos, también está en nuestra espiritualidad, también está en cómo nos relacionamos. Veo también la poesía como una forma de vivir y una forma de estar en el mundo. Para sacar lo que no hemos nombrado y necesita ser nombrado. Para escribir nuestros secretos. Nuestra palabra ha querido ser borrada, anulada. Nos han dicho que nuestra palabra no vale, pero nuestra esencia vale. Y es importante retomarla y es un poder transformador.
En este contexto, se están realizando lecturas masivas mundiales, nombrando lo que está viviendo el pueblo palestino y decimos y, ¿pero qué va a transformar? ¿Qué va a cambiar la poesía? Pues, estructuralmente, puede ser que no cambie, pero la poesía llega a tocar puntos de la conciencia, de las emociones y del ser que no llega con otros discursos. Entonces, creo que se está abonando y se están poniendo como semillas de conciencia también a través de la poesía que nombra las realidades que estamos viviendo.
Daniela: Rosa, nos comparte que cuidar y procurar los espacios de goce colectivo son un acto político: una apuesta de remembranza, de memoria articulada, sentida y compartida. La fiesta y el encuentro son territorios donde se practica la colectividad, el deseo y una resistencia alegre, porque no hay fiesta sin comunidad.
Rosa: Yo creo que a lo largo de la historia, y de las historias de los pueblos, de los movimientos, hemos visto que, en momentos de tensiones, en momentos de rebeliones, la fiesta y el goce, las expresiones artísticas han acompañado a los movimientos y este tiempo, pues no es ajeno a ello. Y creo que también, bueno, desde mi experiencia, he reflexionado en momentos en donde he estado bailando frenéticamente, en pluralidad con otras con otras y decir, estoy bailando quizá todo lo que no pudo bailar mi abuela, y la recuerdo y digo, está bailando conmigo, y está gozando conmigo, y está viendo a través de mis ojos. Y al decir mi abuela, pues es mi abuela, y son todas mis ancestras. Todo el goce que les fue negado.
Hay como, bueno, ciertos enunciados racistas, como “ah, los pueblos indígenas….” Bueno, en Guatemala hemos oído “son tristes y sus movimientos son cadenciosos y no ven de frente. No levantan la cara”. Y yo digo no, bailamos, gozamos, celebramos, tenemos grandes fiestas en donde el alimento no falta, el sustento es abundante, en donde la música está alegre por días, en donde nos abrazamos, en donde… bueno, suceden muchas cosas en las fiestas. Y siguen. Incluso en los momentos más tensos del conflicto armado interno, las fiestas de los pueblos seguían, la música en los pueblos, ¿verdad? En la vida de los pueblos, para sostener, para abrazar, para alentar. Y bueno, sigue siendo una continuidad. Vemos también en registros antiguos, registros de fiestas, registros de compartires. Entonces esto, cómo retomar y no perder esos hilos que nos vinculan también con los goces, los goces de los cuerpos, los goces del cuidado que necesitamos en estos tiempos, eh? Pienso como en el goce en los temazcales, que los temazcales son para curar distintas dolencias físicas, espirituales, pero también para tocarse, también para sentir los olores, también para sentir placer. Entonces, estamos en tiempos en donde definitivamente el miedo impuesto, la desesperanza están siendo también sistemáticas. Nos quieren quitar ese impulso, ese hálito de vida, esa visión de presente y de futuro. Pero, entonces, en ese contexto, para mí, recuperar o no perder nuestra alegría, nuestro goce, el que podamos tener, sabiendo que hay momentos muy complejos y muy difíciles, es un acto profundamente radical y político, que nos permite también asentar el espíritu, asentar las ideas para poder seguir generando propuestas colectivas de cambios de transformaciones. Porque si perdemos esa esencia, ese hálito, pues nos quedamos inertes y ahí pues empiezan enfermedades colectivas, emocionales individuales, o nos quedamos sin movimiento.
Daniela: ¿Cuántas pausas has tomado hoy? ¿Qué prácticas te anclan para estar presente? Rosa nos habla de la pausa como una ofrenda, un momento sagrado para resistir en estos tiempos acelerados que nos alejan de la presencia y de la conexión.
Rosa: Desde esta reflexión de la productividad que nos exige el vivir en un sistema capitalista, y como está internalizada, y como está internalizado el manejo del tiempo hablaba anteriormente de cómo el manejo del tiempo desde el calendario maya, ¿verdad? Y como eso también me permite tener otra vivencia del tiempo, otro ritmo del tiempo y reconocer que no sólo vivimos este tiempo, sino que hay distintos pueblos en el mundo que tienen otras formas de vivir, y de coexistir, y de medir sus tiempos de maneras muy distintas. Y ahí, la pausa. Quería compartir la pausa desde la presencia, desde el estar, y quisiera nombrar a Leopoldo Méndez, que ha compartido los conceptos de cosmocimiento. De cosmo estar de cosmo, sentir. Y qué significa eso en este tiempo, ¿verdad? Estar en atención al sonido de los pájaros, estar en atención al ritmo de la respiración, estar en atención a las otras personas con las que coexistimos, porque en este ritmo tan frenético está limitada la escucha. En la pausa poder encontrar los consejos de nuestras ancestras, los consejos de la naturaleza, escuchar también nuestra intuición o nuestra sabiduría, nuestro yo superior. Pero no es sencillo cuando vivimos en una constante que nos exige mucho. Pero claro, nos exige también por la sobrevivencia. Nos exige por la precariedad también, ¿verdad? Pero también quise nombrarlo en este texto como un acto de resistencia, un acto político, un acto espiritual, el parar, el pausar el el sentir, el poder ir hacia adentro, el poder observar para poder tomar aliento. Puede ser que no podamos pausar días. Puede ser que no podamos pausar horas, si quiera, ante las exigencias de distintos distintos espacios en los que podamos estar. Pero muchas veces, sí. Y si podemos hacerlo, también es un acto muy profundo de liberación de esa opresión que interna que nos exige, que nos exige que todo el tiempo tengamos que estar produciendo. Entonces, nombrar la pausa también como sagrada. Caminar a la par del tiempo. No delante ni detrás. Eso pudiera nombrar como, como una pausa sagrada. Y en esa pausa sagrada poder escuchar y estar en atención y despertar nuestra doble nuestra, triple mirada, nuestros 13 sentidos que están, pero están dormidos también ante toda exigencia de este tiempo tan intenso. Y sabemos, bueno, hay complejidades. El tiempo duele el tiempo que estamos viviendo muchas veces. Y eso no creo que hay que negarlo. Pero qué nos dice ese dolor de este tiempo que nos ¿hacia dónde nos conduce? ¿A qué reflexiones? ¿A qué presencias nos lleva, a qué acciones? Y por eso sigue siendo importante para mí nombrar eh, esta pausa y que esta pausa tiene que ver también con los ritmos, eh? Escuchar el ritmo de nuestro corazón nos lleva a la pausa. Escuchar, saber que en nuestro cuerpo está el ritmo de nuestra circulación sanguínea, y que olvidamos todos esos ritmos hacia adentro que están toda esa sonoridad, toda esa vibración, ¿verdad? Retomarla nos permite entrar en estas pausas, nos permite también generar otro tipo de relaciones. Es un llamado a no perdernos en este mareo de un tiempo agitado. Y cuando sea agitado, poder encontrar pequeñas pausas para respirar y para seguir adelante también.
Maytik: Gracias a Rosa por recibirnos con tanto cariño en su oficina en Ciudad de Guatemala en un día soleado de junio. En este comienzo de ciclo, en este nuevo dia, con esta nueva respiración, intencionamos ligereza, suavidad, y tiempos amables para sus cotidianidades. Que nuestros haceres se sientan enraizados y sosteniendo lo justo. Que busquemos expandirnos también hacia adentro, recordando celebrar y encontrando nuestros ritmos y tamaños precisos. Que podamos pausar del sentido de urgencia, darnos espacio para contemplar la belleza del mundo y atender lo que nos es querido e importante. Musgos para sus corazones y hasta muy pronto.
Este episodio fue producido por Daniela Fontaine y por mí, Maytik Avirama. El diseño sonoro es de Carlos Castañeda y Maytik Avirama. La producción musical de Edgar Marun, Pedro Ocampo y Carlos Castañeda. La portada de este episodio fue realizada por Daniela Fontaine con asesoría gráfica de Sebastián Giraldo. En esta temporada contamos con la asesoría vocal de Gabriela Guraieb. Luz Estrello es la productora, Frida Chiu en investigación, y Santiago Atehortúa lleva la comunicación y las redes sociales. Gracias por escuchar.
